lunes, 14 de julio de 2014

Sobre el fútbol, los ideales, la identificación masculina, y los consumos problemáticos

Héctor Pérez Barboza


Quien escribe, además de dedicarse al psicoanálisis he crecido jugando, yendo a la cancha con familiares y amigos, escuchando los partidos por radio (entonces no se televisaba en vivo), hablando, pensando sobre este juego que, especialmente en estos días en que se juega el mundial 2014, no deja de darle razones para vincularlo a la práctica del psicoanálisis y a los consumos problemáticos.

  1. EL ÍDOLO
La mayoría de los lectores conoce a quién menciono si digo “Messi”, a secas, sin dar más precisiones. Se constituye la significación en el momento de leer esa palabra, que no se encuentra en el diccionario de la Real Academia Española, por el momento, ya que el adjetivo “inmessionante”, ganador de un concurso organizado por Pepsi, avanza generando presión entre los miembros de esa Academia, y ya aparece en una edición limitada del Diccionario Santillana, demostrando que el brutal poder del capitalismo puede hasta competir con el no menos atroz poder de la lengua.
Para quienes no lo conocen, escribiré algunos de los supuestos que no tuve necesidad de decirles a “los informados”: jugador de futbol profesional, famoso, exitoso, goleador, multimillonario, juega en un equipo europeo de primera línea, y bate records a cada instante, lo cual lo constituye en un verdadero ídolo (Del lat. idōlum, y este del gr. εἴδωλον) es decir: “Imagen de una deidad objeto de culto” y “Persona o cosa amada o admirada con exaltación”.
¿Qué hace nuestro ídolo? Algo que la mayoría de los hombres ha hecho mal, bien, más o menos, a lo largo de su vida: juega al fútbol. Pero Él lo hace de un modo “inmessionante”, convirtiéndose así en un Ideal que resplandece en la época de los ideales devastados.
Aquellas escenas patéticas de padres al costado de las canchas de “papi” futbol , enloquecidos, gritando desaforados (sin ley, excedidos) para que sus hijos lleguen a ser como Messi nos muestran una de las caras de este arrasamiento (Lacan, hacia 1968, utilizaba el término declinación del nombre del padre, pero nos va quedando chico) de la potencia paterna ya no para imponer, sino al menos para proponer ideales. Si no puedes vencerlos únete a ellos, parece decir el epitafio para el Dogma Paterno. Y así, esos padres que antes portaban significantes que les habían traspasado sus ancestros, su identidad muchas veces amalgamada con una tradición familiar, no sólo han perdido de vista lo que de singular pueden transmitir a sus hijos, sino que se han aliado al mismo vendaval que arrasó su propia autoridad y le regalan al hijo la camiseta de la selección argentina con su apellido, no el de su linaje, sino el del ídolo.
Así Leo (le dicen así aunque lo correcto sería Lío, pero esto introduciría un eco de algo que no marcha), dejó de ser primera persona del presente en el modo indicativo del verbo que exactamente ahora estamos ejecutando, para convertirse en el objeto directo que todos “quieren/queremos ser”, de aquél que reúne todo aquello a lo que “se” puede aspirar: reconocimiento mundial, fama, dinero, éxito sin fisuras, records batidos a diario, eficiencia, eficacia, sin dobleces. Personificación de una erección interminable, con orgasmos por doquier representados en innumerables gritos de gol. Sin que decaiga. Personificación del rendimiento permanente, de la generación de riqueza en forma exponencial: se hacen los cálculos de cuánto gana por año, por hora, por minuto. Como una máquina que produce sin descanso sin reconocer límites. Un compendio de la aspiración capitalista.
Este muchacho cumple con todos los requisitos que enumeramos, y bate récords, palabra que viene del inglés, y que remite a una pluralidad de significados, entre ellos: grabación; marca en lo deportivo; algo sin precedentes, máximo, nuevo. Se establece un récord (una marca) y alguien viene y lo rompe. Las marcas de la superación. Las marcas que se graban. Son cuantiosas, en goles, en partidos jugados, en asistencias para gol, en minutos en cancha, finales disputadas, millones acumulados, trofeos obtenidos, etc.
Y es entonces cruel la lejanía, la distancia, la diferencia que hay entre ese muchacho, ídolo, RÉCORD TOTAL, dado que siempre está en funciones (nunca recién levantado, ni con mal aliento justamente él que recoge el aliento de todos como si acaso le hiciera falta) con lo miserablemente humanos que somos los padres, tan próximos, tan imperfectos, tan falibles. Un salto, una gambeta, una corrida, vista desde varios ángulos, en cámara lenta…y repetida ad infinitum, urbi et orbi ¿Cómo podremos los padres tener lugar con nuestro torpe andar, nuestros aburridos trabajos y actividades humanas, para proponer algo que se despliegue en el horizonte de lo deseable para un hijo?
Un ídolo tremendamente funcional al imperio de la cuantificación: cumple los objetivos, supera las metas. A tal punto que cuando algo parece vacilar y muestra algún signo de humanidad (un par de partidos sin convertir goles o alguna derrota), nos enteramos de que “Messi llegó al país y prometió cambiar el chip para el mundial”. Ídolo, aunque atado al discurso universitario que todo lo cuantifica (en estos días se puede observar la exasperación del mismo, cuando en la televisación de los partidos nos muestran las cifras que miden lo que cada jugador corre durante su estadía en la cancha), al capitalismo para el que todo tiene que dar un rédito, a la ciencia robótica moderna. Apuntalado en una imagen perfecta que encandila y no deja punto de controversia ni de falla.
Y el común de los mortales mirándolo, esperando más y más de él, distraídos con el fútbol, nuevo opio de los pueblos.
2) Héroe
Si Marx, en su “Contribución a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel”, decía que la religión era el opio de los pueblos, Freud, en “El malestar en la cultura” viene a decirnos que la religión y el opio (“la intoxicación” diría, los quitapenas, como el método más tosco pero eficaz) son, junto a la sublimación aquellas prácticas que nos permiten soportar la angustia frente al hiperpoder del destino, la hiperpotencia de la naturaleza, la fragilidad del cuerpo, la insuficiencia de las normas para regular los vínculos. Agregaba que las distracciones hacen que valuemos en poco nuestras miserias. Y agregaba que las civilizaciones que no les ofrecen a los ciudadanos los elementos adecuados para la sublimación y exigen nada más que renuncias, merecen ser destruidas.
Es inevitable pensar que si la posibilidad de establecer semejante construcción mediática desde el capitalismo, colocando a Messi como ícono (ídolo) existe, es porque se sustenta en una fabulosa creación cultural que es el fútbol, que ha funcionado durante más de un siglo ya sea desde su práctica, o desde su observación, produciendo relatos que permiten la distracción de las miserias de la vida, la sublimación de la rivalidad y de la homosexualidad, la transmisión de destrezas y valores de generación en generación, el encuentro con movimientos, jugadas, atuendos, estéticas que evocan la belleza de un modo u otro según las épocas. Propicia relatos sobre el talento, el esfuerzo, la solidaridad, la inclusión y exclusión, los triunfos, las derrotas y la posibilidad de revancha, dando lugar al terreno de lo no absoluto, de los más y de los menos, matriz simbólica básica. El goce pulsional puesto en sociedad, evacuado del cuerpo. Un marco para anudar amor, deseo y goce.
Creo también que la imagen del ídolo ha opacado el relato del héroe (Del lat. heros, -ōis, y este del gr. ἥρως) : 1. m. Varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes. 2. m. Hombre que lleva a cabo una acción heroica. 3. m. Personaje principal de un poema o relato en que se representa una acción, y especialmente del épico. 4. m. Personaje de carácter elevado en la epopeya. 5. m. En la mitología antigua, el nacido de un dios o una diosa y de una persona humana, por lo cual le reputaban más que hombre y menos que dios; como Hércules, Aquiles, Eneas, etc.
¿En qué radica la heroicidad de Messi? En su récord, ya no el de los números sino en otras dos acepciones que tiene la palabra: documentos, actas, archivos, registros; pasado de una persona, historial.
Ocurre que nuestro ídolo, que en algún momento fue humano, tuvo que hacer su épica, su epopeya, lejos de los goles y muy cerca de su fragilidad corpórea. En su infancia hubo de sobreponerse a un diagnóstico de déficit parcial de hormona de crecimiento, cuando tenía 11 años y quería crecer, según cuentan, para jugar al fútbol. Su tratamiento era posible a un costo de mil trescientos dólares al mes por inyecciones que debía ponerse a diario en su brazo o en su pierna. Eso significaba una fortuna para un obrero metalúrgico como era entonces su padre, y era una angustia para su madre, pero lo cubría el seguro del trabajo paterno hasta que vino la crisis del año 2001, una de las tantas sufridas en Argentina: su padre tuvo problemas laborales y dada la ruptura de la red social perdió la cobertura del costoso tratamiento. La suspensión de las inyecciones de estas hormonas ponía en peligro su efectividad así que dependió de una fundación y de la donación de un laboratorio para continuar el tratamiento unos pocos meses más. Sin apoyo de su club, ni de algún otro, tuvo que emigrar como otros tantos miles de argentinos que ese año escapaban de una feroz crisis social y económica. Fue al Barcelona, club que lo cobijó en el amplio sentido del término y comenzó así la historia más conocida.
Vocación, adversidades: enfermedad, falta de recursos económicos, desamparo, migración. Triunfo. Tiene todos los ingredientes para cumplir con la definición de héroe, y hasta podríamos sumarle otra si consideramos como tal, después de Freud, a la capacidad sobrehumana del héroe de soportar el éxito, sin flaquear. Freud decía que nuestra constitución (psíquica) limita nuestras posibilidades de dicha. Y cita a Goethe “Nada más insoportable que una sucesión de días dichosos”. Alguien que no fracasa al triunfar…


  1. Lógica del “no todo”
Según sea pensado, Messi, nos remite a la hegemonía del discurso de la necesidad del rédito (capitalismo), la cuantificación/evaluación aliada a la primera (discurso universitario) y la universalización (científico) y, por otro lado, a un juego que enlaza como pocos lo pulsional con lo social aliviando a los seres hablantes de la angustia.
Pone de manifiesto que las grandes teorías que pretenden explicar las épocas nunca pueden abarcarlo todo. Así como cuando se habla del Otro que no existe, o de la caída de los ideales tenemos que pensar en que hay lugares, poblaciones, tribus, familias en las que los ideales aún encuentran su poder en la raíz histórica familiar.
Expresión de que lo sólido no es tal, pero conexión con el no todo de lo líquido. No todo es tan líquido en la sociedad.
La novela familiar del neurótico fue el modo que Freud tuvo de nombrar lo que era la relación de un sujeto con sus padres y con los ideales que estos encarnaban. Entonces los padres de la infancia eran vistos como “autoridad y fuente de toda creencia” hasta que a cierta edad que ubica en la prepubertad, se tiene que emprender “una de las operaciones más necesarias pero también más dolorosas”, “el desasimiento de la autoridad paterna”. En esta operación “descansa el progreso de la sociedad”.
Se trataba de un paradigma social, burgués si se quiere, en el cual “las cosas estaban adonde tenían que estar”. Lo cierto es que aquél se ha ido resquebrajando a medida que lo ha hecho la autoridad paterna, sin que esto indique que la misma dejó de existir.
Creo que a los psicoanalistas nos toca ocupar el lugar de aquellos que venimos a descompletar los saberes producidos por otras disciplinas, dado que cada caso testimonia de la incompletud.
La cultura de masas, los íconos que la misma genera, pueden ser un gran opio y, como sabemos por nuestra práctica, ese opio puede ser tanto remedio como veneno (pharmakon).

  1. Messíntoma
En nuestro centro han sido varios los casos en los que pacientes varones han hecho referencia a los avatares de su carrera actual o potencial, como futbolistas. En algunos casos luego de años de tratamiento y en otros como aquello que aparece en forma directamente vinculada al motivo de consulta.
Hace dos días alguien me contaba cómo había abandonado el fútbol porque el técnico lo ponía de suplente pero “no me tenían en cuenta”. Luego de ese episodio fue abandonando paulatinamente todos los lugares (trabajo, estudio, familia) siendo esa vivencia el hilo conductor. No apeló a ningún tercero entonces (familiar, dirigente del club o compañero del equipo) para preguntar si era así y en tal caso averiguar por qué no era tenido en cuenta. Se trata de alguien que actualmente se encuentra en situación de calle con un alto consumo de alcohol diario, pero pudo situar temporalmente el inicio de esa práctica, que podemos denominar de pasajes al acto, que hoy lo encuentra caído de muchas escenas que podría habitar. ¿Podrá? El tratamiento lo pondrá a prueba.
Otro paciente atribuyó el final de su “carrera futbolística” a que su padre no lo llevaba a entrenar, reclamando porque no lo había acompañado, e iniciándose entonces en el consumo de alcohol. Se trata de una persona que tenía mucho interés en ser jugador de fútbol, con una familia muy vinculada a un club importante, a tal punto que uno de sus hermanos es actualmente dirigente. El paciente queda asombrado ante la intervención de la analista que le pregunta por qué a los 13 años no hizo las cosas para concurrir solo a los entrenamientos. Una forma de preguntarle por su relación con su deseo y de confrontarlo con su propia renuncia. Prefirió escudarse en la impotencia de su padre para no hacerse responsable.
Hubo también un caso en el que un varón de 25 años señalaba que su padre lo inició en la práctica del fútbol. Ante el fallecimiento de aquél, cuando él tenía 6 años, era su tía quien lo acompañaba a los entrenamientos. Había escalado hasta llegar a la tercera división de un club muy importante de la ciudad de Buenos Aires, con muy buenas perspectivas dado su talento y su trayectoria en el mismo. Pero cuenta que dejó de ir a jugar porque los padres de los otros chicos tenían más poder de presión sobre los entrenadores. En cambio la tía no hacía más que acompañarlo, “no hablaba con los técnicos para que me pusieran”. Y la pareja de su madre, que podría haber hablado, no lo hizo. Sincrónicamente comienza con el consumo de cocaína, que más adelante se haría problemático, especialmente cada vez que se le manifiesta la dificultad para darse un sentido. Consigue trabajos que son sólo para ganar dinero pero que no lo representan en lo más mínimo, y continúa sin hacer el duelo por la vocación que ya no podrá realizar.
Pero el caso más interesante de los que hemos recibido en el centro me tocó conocerlo a través de la supervisión. Su analista me pidió que lo ayudara a pensar la problemática de “Lionel” o “Lío”, pues así lo nombró para presentarlo en los ateneos internos que realizamos, y tuve el gusto de hacerlo.
Se trataba de un varón de 26 años, algo aniñado, que llega a la consulta por consumo de cocaína y una mezcla de pasta base y marihuana fumable llamada ¨freeway¨. Se dice “adicto” y atribuye su conducta a la ¨mala junta¨: dos significantes que denominamos sociales, puesto que no representan al sujeto, sino que son tomados del Otro social para consolidar la desresponsabilización y el borramiento subjetivo.
Convive con sus padres en un complejo de ¨monoblocks¨, en un barrio de clase media baja. Esta “mala junta” a la cual se refiere insistentemente, son sus amigos de la infancia, con los cuales creció y de los que ¨no me puedo despegar, bajo a la puerta y están ahí, y todos se drogan, están hechos mierda, pero la única forma en que puedo estar con ellos es drogándome también, me cuesta decir que no¨.
En relación a sus proyectos de vida se encuentra ¨a la espera de una prueba en un club de futbol¨. Su gran pasión es el futbol, desde adolescente. Abandonó el colegio en tercer año para dedicarse en exclusividad a entrenar y jugar en las inferiores de varios clubes, inclusive llegó a “probarse” en un club de España, pero no lo aceptaron. Quiere dejar de consumir porque dice que el consumo no es compatible con una vida dedicada al deporte, y en breve tendrá una prueba decisiva para su futuro, ¨quizás la última, aclara¨, ya que a su edad no le quedan muchas oportunidades de hacer carrera.
Lío nunca tuvo un trabajo, no terminó sus estudios secundarios. Al abandonarlos empieza a consumir de manera más abusiva. Él dice ser un jugador de excelentísima calidad, solo que no tiene los contactos necesarios para llegar.
Esta relación con el futbol fue y es impulsada por el padre, quien desde los comienzos lo representa, genera los contactos para las pruebas, y pone el dinero para ¨coimear a los Directores Técnicos de los clubes¨ para que lo hagan jugar. Su padre lo banca a cualquier costo, inclusive sabiendo que la droga la compra con su dinero, pero parece que la condición es que juegue al fútbol.
Lío es una persona poco sociable, comenta no tener más amigos que los del barrio, su relación con las mujeres se restringe a encuentros con prostitutas, nunca tuvo una relación de pareja o amiga. Dice que ¨prefiero pagar y cogerme una mina que esté buena¨, y la paga con plata de su padre. Es reticente a conversar de temas que no tengan que ver con el consumo. Se presenta con una demanda muy sustancializada. Su analista encuentra dificultades para intervenir, le resulta difícil producir alguna escansión en su decir. Contabiliza los días que lleva sin consumir y “cuando el almanaque me falla me deprimo”.
Al comienzo del tratamiento persistía en la espera por la última prueba que podría salvarlo. Paralelamente, a partir de introducir algunas preguntas sobre la expectativa mencionada, y de empezar a desplegar algunas inquietudes respecto de su futuro, retomó sus estudios secundarios.
Tiene un hermano y una hermana, ambos mayores que él, profesionales y ya con sus propias familias. Con ellos no tiene mucha relación; los culpa de haber abandonado a la madre cuando más los necesitaba. Ésta hace dos años tuvo un episodio de descompensación psiquiátrica, estuvo internada varios meses y al retornar a su hogar él se hizo cargo de la situación: ¨mis hermanos se borraron, y mi viejo, pobre, estaba devastado por la situación¨. La madre se encuentra bajo medicación psiquiátrica. Un hecho llamativo: en una ocasión en la cual él consume cocaína en exceso, vuelve a su hogar, despierta a la madre, le pide un clonazepán y termina durmiendo abrazado a ella, dice haberse asustado mucho.
El analista pide tener una entrevista con ambos padres. La madre le impresiona como una melancólica, el padre como un hombre dócil y de carácter débil.
En una de las entrevistas, y en el punto en el que el paciente vuelve a sustancializar su demanda, el analista le dice que cree que él está sufriendo mucho pero que ese sufrimiento no tiene que ver con el consumo. Le indica que tiene otros motivos: por ejemplo que ve a su madre en cama todo el día y, además, la gran contradicción evidente entre drogarse y la actividad deportiva que supuestamente desea emprender. Fue la última entrevista. Deja de concurrir y no responde a los llamados del analista.
Unos meses más tarde es su padre quien se contacta telefónicamente diciendo que Lío sigue consumiendo, que lo nota muy mal y que debería seguir tratamiento. El analista avala el último punto. Se presenta espontáneamente en el centro para hablar con el analista quien le hace lugar para tener una breve entrevista. Dejó de venir porque falleció su abuela y estaba muy deprimido. Se le hace lugar a ese dolor diciéndole que le hubiera gustado acompañarlo en ese momento de angustia y duelo. Se le dice que haga una entrevista de admisión, que realiza a la semana siguiente conmigo. Allí pide ser atendido por su analista, aclarando que sólo lo haría con él, y en caso de que esto no se pudiere implementar buscaría un terapeuta en otro lugar. Conociendo el caso, y habiendo un inequívoco signo transferencial puesto de manifiesto se hace lugar al pedido.
Con el reinicio empieza a disminuir su consumo de cocaína a 3 ó 4 veces por mes y en pequeñas dosis manteniendo un consumo de marihuana a diario, sin mencionar ahora el “freeway”.
En esta instancia se abre una brecha para poder cuestionar algo en relación al padre, ¨ahora me doy cuenta de que siempre me han dado todo, nunca tuve que ganarme mi propio dinero porque si necesitaba plata acudía a mi viejo”, “es que salir de esta comodidad se me hace difícil, pero me doy cuenta que no hago nada en todo el día, sólo voy al colegio por la noche, cosa que cualquiera puede hacer, y después estoy en casa fumando porro y mirando boludeces en la tele” .
Se comienza a trabajar sobre la “comodidad” incómoda que sostiene. Deja lugar a su responsabilidad subjetiva de tal comodidad y al goce implicado en ella, expresado en el malestar que le ocasiona. Se apunta a conmoverla, sacarlo de la comodidad de su casa, que comporta la proximidad con su madre. Además de empezar a poner en cuestión la creencia en el ideal del padre de que su hijo es Lionel Messi.
Esto lo pone más entusiasmado con el tratamiento, asiste oportunamente a las entrevistas, da más lugar a las intervenciones del analista, comienza a buscar qué carrera terciaria seguir, ya que estará terminando el secundario a fin de año. Pide a su analista que lo asesore para realizar una orientación vocacional.
Una “comodidad” paradojal (tiene hasta plata para las drogas sin tener que trabajar), cuyo precio es permanecer en su casa haciéndose cargo de la madre melancolizada, sometiéndose durante largos años a una ilusión paterna que no le ha permitido constituir un Ideal del Yo, con el consiguiente empobrecimiento subjetivo en lo que hace a sus lazos sociales. Las drogas han venido en su auxilio, indicando que justamente en el lugar en que el padre espera que Lío triunfe él hace aquello que no es compatible para tal logro.
El tratamiento consistirá, en que, alguien que ha advenido a la significación fálica, y luego ha atravesado por la castración en lo imaginario, pueda constituir un Ideal del Yo, propio, que, aunque en forma algo tardía, le permita anudar al mismo un deseo para que pueda amar y trabajar, los modestos horizontes que Freud trazaba para el psicoanálisis. El analista ha ido conquistando un lugar en la transferencia desde el cual poder reorientar al paciente, darle la posibilidad de que remiende su almanaque, hacia la conquista de un semblante posible, en medio del Lío en el que se ha metido.

Para finalizar
Ya que al inicio hablamos de epopeyas y épicas…El Centro Carlos Gardel cumplió 20 años de existencia, de trabajo en el campo de la Salud Mental, asistiendo a personas con problemas de consumo. Me importa mucho su inscripción formal, pero mucho más su Inscripción en la memoria de un par de generaciones: de pacientes, de familiares y allegados de pacientes, de estudiantes que han concurrido para formarse, de residentes y concurrentes, de diferentes organismos e instituciones que nos han convocado a los profesionales del centro para participar en cientos de actividades. Siempre en una misma dirección, la Reducción de Riesgos y Daños, la de considerar a los pacientes como sujetos de derecho muchísimo antes de cualquier legislación con las que afortunadamente contamos en la actualidad, y transmitiendo a quienes se forman con nosotros, y a aquellos que vienen a pedirnos ayuda para aliviar su sufrimiento, que no hay por qué abdicar de lo que hace único a cada sujeto para que pueda mejorar, dado que en su mismo padecer se encuentra la respuesta, desde la perspectiva del psicoanálisis. Y con una misma dirección, a cargo del Dr. Mario Kameniecki, que ha sido fundamental durante estas dos décadas (atravesadas en buena parte de sus años por los discursos de la sustancialización y el abstencionismo), para sostener en pie esta experiencia, extender una práctica despojada de prejuicios, y superpoblarla de ideas para hacer accesible e inclusiva la atención a quienes padecen. Me siento representado por sus palabras publicadas en la nota editorial del boletín anterior. Seguramente, con el correr de los años, se le reconocerá, en su justa medida, la generosidad, honestidad intelectual y amplitud de criterios para dirigir, en medio del exceso de carencias, a un grupo heterogéneo de profesionales, que hemos crecido profesional y humanamente en su compañía.   

1 comentario:

Pilar Corsiglia dijo...

Muy lindo trabajo, felicitaciones.