martes, 14 de octubre de 2014

La maldición de Yocasta o la construcción social de la femineidad

María Eugenia Ramos
En el primer volumen de Los orígenes del totalitarismo, "Antisemitismo", Hannah Arendt desarrolla ampliamente su hipótesis sobre cómo construye su rol la víctima. De qué manera cae en la trampa de la identificación con el estereotipo social ideado por el victimario.
Para ello, la politóloga (como ella se definía), analiza los diferentes elementos y circunstancias que hicieron posible la falta de reacción por parte de los judíos que continuaron, pacíficamente, en un lugar en el que fueron eliminados masivamente, ante la inacción, no sólo de otros grupos sociales, sino de los judíos de los diferentes países, donde los nazis invadieron y extendieron su genocidio imperialista. 
De tal manera, Arendt nos advierte que por cada situación política de victimización (ella define al "antisemitismo" como: "el gran concepto político"), los grupos victimizados deberían identificar aquellos elementos en los que se están reconociendo y hacen posible la articulación con la mecánica impuesta por el victimario. 
Las estadísticas laborales a nivel mundial, respecto de las mujeres son preocupantes.
Voy a citar como ejemplo una estadística referida en el trabajo realizado por el Dr. Wojciech y la Dra. Peliza, en el año 2006, publicado por la Revista de Derecho Laboral y Seguridad Social.
Dichos juristas, a propósito del fenómeno mundial de la "flexibilización laboral" y la existencia de "empresas tercerizadoras", advierten que una nota alarmante de las contrataciones atípicas en Europa, es que cuando se trata de contratos con jornada reducida o por tiempo determinado o temporarios (eventuales) "las estadísticas europeas señalan que en el continente más del 80% de los  contratados de esta forma son mujeres...", "...lo que advertiría a las instituciones europeas sobre la posibilidad de una discriminación por razones de sexo."
Más allá del estereotipo social que se nos quiere imponer a las mujeres, sobre cómo se debe ser "mujer", qué es lo que hace de nosotras, un grupo social tan sistemáticamente victimizado?
Quizás, y en primer término, es el que se nos modele de forma artificial una única forma de "ser mujer".
Así como no existe una sola manera de "ser hombre", las mujeres también buceamos en nuestra amplia diversidad.
En un reportaje a Hannah Arendt le preguntaron si había tenido muchas dificultades por moverse en un mundo tan característicamente masculino como el de la filosofía y ella respondió que para ella no fue una dificultad porque siempre hizo lo que le interesaba, sin preguntarse si una mujer hace eso u otra cosa.
Hay muchos clichés altamente machistas que pululan los discursos de hombres y mujeres, como, por ejemplo, que una madre siempre hace todo por sus hijos y se habla de "el instinto maternal", como si fuésemos animales instintivos, cuando la característica de todo ser humano, justamente, resulta de ser un ser cultural. 
Así que la construcción del vínculo de la madre con su hijo es eso, una construcción cultural, no un simple impulso instintivo.
Para desmitificar tales aseveraciones alcanza con muñirse de estadísticas.
Por ejemplo, estadísticamente, padres y madres matan en la misma proporción. Lo que cambia son las franjas de edades sobre las que cometen filicidios las madres  y los padres. Las madres matan a hijos de entre 0 y 6 años; en cambio, los padres matan generalmente a hijos adolescentes o adultos.
En EEUU, las mujeres, han sido responsables del 13 por ciento de todos los crímenes violentos entre los años 1995 a 2000. Sin embargo esta proporción aumenta hasta el 50 por ciento en el caso de los filicidios, de acuerdo con las estadísticas de criminalidad del FBI.
En argentina la ley que mete más presas a los mujeres es la ley de estupefacientes y es interesante pegar una lectura a la situación de estas mujeres presas que, mayoritariamente, eran “independientes”, al momento de ser encarceladas.
Hoy, en Argentina, el casi 70 por ciento de las mujeres presas en las cárceles federales de nuestro país, lo están por la ley de estupefacientes (23.737).
Los delitos por los que las mujeres van presas más frecuentemente es por comercio en pequeñas cantidades (comercio barrial) y tráfico (mulas).
Según un trabajo publicado en el año 2011, "Mujeres en prisión", por el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales), el 85% de todas la mujeres detenidas en el Servicio Penitenciario Federal de todo el país son madres.
El 90 % de las mujeres madres tiene hijos menores de 18 años.
El 60% de las mujeres madres, no vivían con sus cónyuges al momento de ser detenidas.
La mayoría de ellas encabezaba familias monoparentales y ejercían la jefatura del hogar, al momento de la detención, teniendo, además, las responsabilidades primarias en el cuidado de sus hijos y otras personas a su cuidado (por ejemplo, ancianos).
Las construcciones culturales están condicionadas por las necesidades, recursos y prioridades de las sociedades.
Las personas no seguimos instintos sino que nos guiamos por nuestro deseo. Aquello que construyamos culturalmente será el resultado de dónde focalicemos ese deseo.
Otro elemento importante en los sujetos es el símbolo. Lo cultural se expresa en "el símbolo". Los animales emiten signos (mover la cola, inflar las plumas, etc.), las personas construimos símbolos que representamos de acuerdo a las convenciones intersubjetivas.
Y esas construcciones culturales no son sólo conscientes sino y, quizás, sobre todo, inconscientes.
Quizás, cuando enviamos un "feliz cumpleaños" o ponemos "me gusta" a fotos de amigos, en facebook, no estemos queriendo expresar la importancia de la amistad sino que expresamos la anuencia sobre una nueva manera de evitar negociar en el conflicto que nos generan las relaciones con un "otro".
Hay un discurso supuestamente feminista que dice que las mujeres podemos hacer todo solas porque estamos capacitadas para hacer muchas cosas al mismo tiempo y podemos prescindir de "el hombre".
La tragedia griega nos ha signado un lugar protagónico en su drama y nosotras, como grupo social, probablemente, deberíamos replantearnos las herramientas con las que construimos nuestra feminidad.
Layo, el padre de Edipo, fue un filicida frustrado, cuya esposa, Yocasta, "soportó" por mantener su posición social.
Ella se libera de Layo cuando su hijo, Edipo, mata a su padre y, así, ella se casa con Edipo, a quien el sacerdote que va a anunciarle su propio incesto, llama ciego.
Edipo se casa con su madre, después de vengar su propia muerte con la vida de su padre.
La victima, Edipo se saca los ojos, los mismos ojos que ya habían sido llamados simbólicamente “ciegos”.
Como los hombres que no tienen ese supuesto sexto sentido femenino que se nos endilga y de las que muchas mujeres gustan de hacerse cargo.

Quizás deberíamos construir nuestra femineidad revisando celosamente y haciéndonos cargo adultamente, de nuestro rol en La Tragedia.